lunes, 1 de septiembre de 2014

7ª Temporada de True Blood


          Lo mejor de esta última temporada es eso mismo, que se terminó.
Acabamos con el sufrimiento de una serie que empezaba a agonizar ya desde la cuarta temporada y que se había desvinculado tanto de los libros, que yo, por ejemplo, como seguidora, no sabía quien estaba muerto y quien vivía aún.
         Se estrenó en Estados Unidos el 22 de junio de 2014 a través de la HBO, de la mano de Brian Buckner y en España, el 31 de julio en Canal+. El primer episodio, como en la temporada anterior, lo dirigió Stephen Meyer, el actor que encarna al personaje de Bill Compton.
Pocos personajes nuevos. Quizá porque necesitaban centrarse en cerrar el círculo de los que ya conocíamos. Una sustitución quizá. La del actor Luke Grimes en el personaje del vampiro James Kent, por el australiano Nathan Parsons.
Ojo para los fanáticos de los libros en el último capítulo de la serie, que aparece la creadora de la saga, Charlaine Harris en un breve cameo.
        La temporada se centró en la enfermedad de la hepatitis V y la avolución de los cambios en la vida de los personajes, que ya vimos en el último capítulo de la temporada pasada. Sookie enamorada de Alcide (sigue dándome la risa), Bill y su constante "mía culpa", el alcalde Sam Merlotte intentando poner orden en el pueblo, Tara vampirizada y Eric desaparecido durante algunos capítulos, para desesperación de muchos de sus fans.
        La enfermedad se extiende por todo el país y ataca a todos los vampiros. Buscar una cura será lo primordial para nuestros protagonistas, que encuentran la respuesta en el ser que menos esperaban.
No voy a adelantar nada, pero creo que es el mejor giro que han tenido los guionistas.

       
         No todo parece patético en esta temporada porque, aunque las últimas son para borrarlas del disco duro de mi mente (salvo algún desnudo integral), debo agradecer que por lo menos le diesen un final digno a la serie; de esos finales de "ni para tí ni para mí". Porque si hay algo que odio es, seguir una serie durante años para que, o la productora no la renueve y nos quedemos con cara de bobos o le den un final tan patético como "Como conocí a vuestra madre", por ejemplo.
          (Spoiler) El final de la serie tiene momentos gloriosos, como los recuerdos de Eric y Pam en los inicios del Fangtasia( buenísimas las pintas ochenteras de nuestros chicos), el desarrollo del personaje de Ginger, la humana que trabaja en el bar y que hasta el momento, sólo la conocíamos por los gritos chirríantes cuando sucedía cualquier cosa desagradable ( que era muy a menudo), la aparición del personaje de Hoyt, la maravillosa Pam, como siempre, que es un soplo de aire fresco entre tanto vampiro cansino.
           Entre lo peor; la serie en las últimas temporadas y la relación ñoña entre Bill y Sookie. Me pregunto si hubiesen forzado más los amoríos de estos personajes, si los actores que los encarnan, no tuviesen una relación fuera de plató.
           Para bien o para mal, la serie terminó. Después de todo fue una serie que no dejó indiferentes a los amantes de los vampiros. Sexo, sangre y mucho ser sobrenatural, llenaron nuestras pantallas durante siete años, en los que la hemos odiado y querido a partes casi iguales. Hasta siempre True Blood y como el título del último capítulo, "gracias".